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La paradoja de los mundiales de ciclismo

BILBAO - Bergen fue la Arcadia del ciclismo durante una semana. Un mundo feliz, de arcoíris. Reinó Sagan por tercera vez y brotó Dumoulin en los Mundiales de ciclismo. Se agitaron las banderas, los aficionados, a miles -se calcula que en la carrera de ruta se reunieron 100.000 en la ciudad noruega- arroparon un evento fastuoso en lo deportivo. Una maravilla. Un éxito de punta a punta. Las imágenes de Noruega resultaron hipnóticas. Apagada la pasión y la borrachera de emociones, la fiesta del ciclismo mundial salió a deber. Una vez más. El éxito deportivo fue una ruina económica. Las cuentas y las páginas de excel no reflejaron el entusiasmo mundialista. El sobrecoste del evento estrangula desde entonces las cuentas de la Federación Noruega de Ciclismo tras desviarse el coste de los Mundiales un 40% respecto a lo presupuestado.

A los pocos días de la conclusión de los fastos, los responsables noruegos reconocieron sin ambages un desfase en las cuentas de siete millones de euros. En concreto, el Mundial de Bergen tenía un presupuesto de 16,6 millones de euros, aunque la realidad se fija ahora en 23,5 millones. En Noruega aún se cuentan facturas por abonar mientras se ha puesto en marcha una campaña de crowdfunding para que la gente aportara lo que pudiera para tapar el agujero. La iniciativa apenas ha recibido aportaciones. La de Bergen es la última experiencia que emparenta en lo ruinoso del evento con el Mundial de Ponferrada, celebrado en 2014. En la cita española el presupuesto también se quedó muy lejos del coste real. El asunto está en los juzgados y tras asumir un primer agujero de 6 millones, el desfase roza en estos momentos los 12 millones.

Con estos antecedentes aún coleando, el PP de Bizkaia aboga por la celebración del Mundial de ciclismo en el territorio histórico, cuya inversión estima en 10 millones. La mitad sería para pagar el canon que exige la Unión Ciclista Internacional (UCI) y el resto del montante, otro cinco millones, para la organización del evento. La inversión debería ser sufragada por las administraciones públicas y por patrocinadores privados. Javi Ruiz, portavoz del PP en las Juntas Generales, vaticina que “dada la enorme afición de los vizcainos por el ciclismo, un evento así tendría aquí un éxito asegurado”. En su línea de argumentación, expuso que “nosotros lo entendemos como una inversión porque esto sí tiene retorno”.

Según sus cálculos el impacto económico en Bizkaia “podría ir entre los 30 millones que supieron en el Mundial de Copenhage, entre los 58 de Ponferrada y los 93 millones de Richmond” porque el evento “tiene una audiencia acumulada de 300 millones de personas. La difusión es enorme”. Sin embargo, el representante del PP no hizo ninguna mención al agujero que todavía señala a Ponferrada, todavía por asumir, o al más reciente de Bergen. El dilema con los Mundiales de ciclismo es que el éxito deportivo no asegura el retorno económico. De hecho, Catar, que acogió la cita de 2015, fue un absoluto desastre en cuanto a movilización de aficionados. Las imágenes de los márgenes del circuito resultó desoladora. Muchísima arena y poquísima gente. El peor escaparate. A la UCI le dio lo mismo correr en mitad del desierto. Los petrodólares asumieron el capricho de los Mundiales de ciclismo y su paradoja.

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