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Una crono para que vuelen los grandes

Un primer reconocimiento de la contrarreloj final del próximo Tour de Francia, entre Senpere y Ezpeleta, parece ofrecer como conclusión que en ese trazado los grandes van a volar. No hay largas rectas ni anchas carreteras, pero el recorrido permitirá a los mejores de la general el uso de grandes desarrollos y alcanzar altas velocidades en un terreno ondulado pero suave (hasta la última subida). Y precioso.

Aún no se ha publicado el libro de ruta al detalle y, por tanto, puede haber ligeros matices, pero la crono saldrá del casco urbano de Senpere y en frío acometerá una subida de un kilómetro por la carretera de Baiona. No es gran cosa, pero resultará incómoda. Para empezar a coger el ritmo, los corredores tendrán que esperar a girar a la derecha y tomar la ruta hacia Ustaritz. Allí la carrera se adentrará en una zona de cinco o seis kilómetros de toboganes ligeros y buen asfalto. Se puede ir muy rápido.

A continuación, la carrera volverá a girar a la derecha y se internará por el bosque en el único tramo de carretera en mal estado (ahora, al menos) de la etapa. Es una zona ondulada pero muy favorable que se remata con la bajada hasta Ustaritz, en el kilómetro doce. A la entrada del pueblo se girará bruscamente dirección Zuraide.

Elegir los desarrollos
Entre Ustaritz y Zuraide, del kilómetro 12 al 18, el perfil se complica, con un par de repechos que son algo más que toboganes. El primero, nada más hacer el giro. La elección de desarrollos puede ser importante, pero da la sensación de que los mejores de la carrera podrán superar esos desniveles con multiplicaciones fuertes y marcar diferencias con su velocidad ante quienes necesiten subir piñones para superar las cuestas. El segundo repecho tiene medio kilómetro que se agarra un poco.

Nuevo descenso hacia Zuraide, donde la carrera atravesará el pueblo y hará un bucle por unas carreteras muy estrechas entre caseríos, que no son fáciles de encontrar. Los dos primeros kilómetros pican ligeramente hacia arriba, no demasiado, pero parece que la inclinación va de menos a más y el final puede ahogar un poco si flojean las piernas. Es un tramo sinuoso, pero al ser cuesta arriba la exigencia técnica es menor. Coronado el repecho a la altura de Larraldea, la carrera vuelve en dirección Senpere, pero enseguida gira a la izquierda para regresar a Zuraide por un camino similar al de la subida, sin gran peligro aparente.

Pinodieta, un muro
Nada más culminar la bajada, la carrera se introducirá en el punto caliente de la etapa, la subida a Pinodieta. Se trata de una carretera particular, entre chalets y caseríos. No hay señalización y la única pista para encontrarla es que parte junto a una parada de autobús. La subida se las trae. Son apenas 900 metros, pero con una media del 10,2%. El asfalto está en buen estado. Dicen que tiene algún pico del 21% y bien podría ser cierto, porque la subida se divide en tres partes: la primera, unos 300 metros, muy dura, y la última, 350-400, aún más. Entre medio suaviza bastante y los últimos metros son un falso llano hasta alcanzar la carretera que viene de Ainhoa. De ahí, descenso rápido por una carretera ancha y bien asfaltada hasta Ezpeleta, donde la llegada se situará en la zona peatonal.

Una crono ideal para los grandes de la general y para la exhibición de la Euskal Herria más pintoresca. Toda la etapa transcurrirá bajo la mirada vigilante del monte Larrun, en unos parajes espectaculares. Una delicia para la vista y un recorrido muy competitivo. La última trampa estará a la altura de un Tour que promete ser grande.

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