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La otra historia de ´El Caníbal´

En las numerosas discusiones para designar quién ha sido el mejor ciclista de la historia siempre saltan a la palestra varios nombres, dependiendo de la época ha habido siempre un dominador y también se suele comentar que los rivales no han sido los mismos. Por eso, cada época ha contado con un corredor que dominaba. Pero a pesar de todo, de las opiniones de unos y otros expertos, de los rivales y de la categoría de los mismos, hay un factor que mide los resultados: el palmarés. Y ateniéndonos a ello, no hay la menor duda que el ciclista que cuenta con el mejor palmarés de la historia es el belga Eddy Merckx.

Merckx logró un total de 525 victorias desde sus comienzos en 1961 hasta su retirada como ciclista profesional en 1978, categoría a la que perteneció desde 1965. Sus cifras asustan: ganó el 29% de las carreras disputadas y como profesional se impuso en la temporada 1971 en 54 pruebas de las 120 en las que tomó parte. Es decir triunfó en el 45% de las carreras en las que se puso un dorsal. Irrepetible.

Su historia como ciclista en una concatenación de éxitos, hazañas, exhibiciones, maillots, récords y demás calificativos que se han repetido y que se repiten siempre que se escribe sobre ‘El Caníbal’ Merckx. Pero, ¿por qué este apodo? Se lo puso su compañero de equipo en el equipo Peugeot Christian Raymond visto que siendo aún un joven de 22 años comenzaba a engordar su palmarés de manera considerable. Cada vez que se encontraba con Merckx después de triunfar le saludaba con ese apodo haciendo referencia a su insaciable apetito de ganar. Los periodistas pronto lo tomaron como suyo y desde entonces al hablar de ‘El caníbal’ en el mundo del ciclismo ya sabemos a quién hace referencia.

Eddy es el diminutivo de Edouard. Nadie le conoce así, y hasta se hace raro oír Edouard Merckx, mucho menos sonoro que Eddy. Pero peor sería aún si le nombráramos con los nombres con los que fue bautizado: Edouard Louis Joseph. Antes de dedicarse de pleno a la bicicleta, Merckx jugó al fútbol en las categorías inferiores del White Star, posteriormente llamado Racing White que llegó a jugar una semifinal europea contra el Athetic Club. En este equipo de Molenbeek destacaba como delantero centro o interior y algo le quedó ya que participó en más de un partido de fútbol amistoso junto a otros profesionales de la bicicleta tal como se solía realizar en la década de los 70. Cuando era ya una estrella del ciclismo, asistía a menudo al campo a ver las evoluciones de su equipo, y hasta llegó a formar parte de su directiva. Su momento álgido en ese menester fue en la temporada 1974-1975 el Racing White se hacía por primera vez con la liga belga de primera división tras realizar una temporada de récord con solo dos derrotas y más de cien goles marcados. Cuando su equipo ganó la liga, Merckx había ganado en la primevera de 1975 Milán-San Remo, Amstel Gold Race, Tour de Flandes y Lieja-Bastogne-Lieja.

Eddy debutó como profesional en abril de 1965. Contaba tan solo con 19 años de edad y ya había sido el año anterior campeón mundial de aficionados. Ya llegaba ganadas cuatro carreras entre los amateurs y fichó por el Solo-Superia de Rik Van Looy para debutar nada menos que en la Flecha Valona. Fue como un golpe con la cruda realidad. El ritmo de los profesionales no tenía nada que ver con el de los amateurs, y más en una prueba de la dureza y calidad como la Flecha Valona. Pichó y gastó todas sus fueras en intentar volver al pelotón. Primer abandono en una carrera profesional y primer fracaso. Visto lo visto. Él mismo renuncia a tomar parte en la que iba a ser su segunda carrera como profesional, la Lieja-Bastogne-Lieja. Era el calendario que debían llevar los grandes. No de desmoralizó y se anotó su primer triunfo dos semanas después. Fue en Vilvorde batiendo en el sprint a Emile Daems, veterano ciclista con el que salía a rodar desde junior y que le aconsejaba en el oficio. Su contrario no s elo tomó nada bien el ser batido por el pupilo al que le daba consejos. Ya se vio desde el primer momento que Merckx no regalaba nada.

Y de eso sabe mucho Martin Van den Bossche, compañero de Merckx en 1969 en el equipo Faema. Fue el año del primer triunfo de Eddy en el Tour de Francia, arrasando a sus adversarios y acuñando un nuevo término en el argot ciclista: ‘ganar a lo Merckx.’ En aquel año en la ascensión al Tourmalet, Martin realizó toda la subida en cabeza del grupo hasta que metros antes de pasar bajo la pancarta del premio de la montaña fue adelantado por Merckx, quien no dejó a su compañero el placer y la gloria de aparecer el la historia como quien coronara en cabeza este puerto pirenaico. Van den Bossche no perdonó nunca la afrenta de su líder y le echó en cara en el hotel la vileza de su acción. Merckx, en cambio, lo veía de otra manera. Aseveró que el día anterior Van den Bossche le indicó que tenía una oferta del Molteni y que la iba a aceptar para abandonar la escuadra a final de temporada. Era su primer Tour de Francia y, según él debía tener la confianza en todo el equipo, lo que no tenía en Van den Bossche. Dolido por el hecho del abandono de uno de los mejores escaladores del equipo, obró con venganza a pesar de saber a ciencia cierta que no obraba bien. Martin aceptaba la capitanía de Merckx, pero este acto de egoísmo le hizo perder la fe en el Merckx persona.

Otro caso polémico fue el mundial de fondo en carretera del año 1973 que se disputó en Montjuïc. La fuga final se configuró con cuatro ciclistas, dos belgas (Maertens y Merckx), un italiano (Gimondi) y un español (Ocaña). Con lógica, el triunfo debía ser para uno de los belgas,… pero no fue así. Gimondi se proclamaba campeón mundial ante el mosqueo de los belgas que no entendían la falta de acuerdo de sus compatriotas. Los más rápidos del cuarteto era sin duda los belgas; entonces ¿por qué ganó Gimondi? Merckx prefería que, de no ganar él, lo hiciera el italiano antes que Maertens. Por eso arrancó tras Maertens cuando éste aceleró el ritmo a dos kilómetros de la meta y cuando vio que no podía imponerse prefirió dar su rueda a Gimondi para que remontara y se impusiera. ¿Por qué lo hizo? Principalmente fue un problema de marcas. Merckx, al igual que Gimondi, usaba Campagnolo, mientras que los accesorios de Maertens eran Shimano y este hecho repercutiría monetariamente en Eddy. Tampoco las relaciones entre los dos belgas eran buenas, ya que Merckx no veía con buenos ojos la pujanza del joven Freddy que corría en Barcelona su primer mundial como profesional. Tras sobrepasar la línea de meta, Maertens grita en voz alta ‘vendido, pero Eddy no responde, solo llora. La tarde en el hotel de los belgas fue problemática. Antes de la prueba Eddy habría prometido una ayuda económica a quien rodara para él en el circuito barcelonés. Todos asistieron excepto Maertens y De Vlaeminck, quienes querían jugar sus propias bazas y de ninguna manera iban a trabajar para otro. El caso es que una vez finalizada la carrera los componentes del equipo belga exigieron el pago por los servicios a un Merckx que no bajaba de su habitación. Cuando se reunió con los demás, todo hace indicar que las aguas volvieron a su cauce de una u otra manera,… Los dos protagonistas estuvieron más de veinte años sin dirigirse la palabra, tiempo en el que Merckx recordaba ante los suyos la, en su opinión, traición de Maertens en el mundial en donde jugó su propia baza en perjuicio del equipo. Estuvieron años sin dirigirse la palabra, hasta que ya entrados en el siglo XXI Ludo Delcroix, que corrió con ambos, preparó una cita entra ambos en la que, por lo menos, hablaron largo y tendido sobre aquel suceso en Barcelona.

Roger De Vlaeminck fue uno de los más acérrimos enemigos de Merckx a que no admitía de ninguna manera ni su superioridad ni el sometimiento general del pelotón hacia el astro belga. Era el que más le atacaba en las clásicas y logró ganar la Paris-Roubaix nada menos que en cuatro ocasiones, récord aún vigente. La animadversión, mitigada con el paso de los años, llegaba hasta el caso de rodar contra Merckx en la Paris-Tours, única clásica que no ganaría nunca ‘El Caníbal’, no importándole su carrera con tal que Eddy no igualara la marca de Rik Van Looy, único ciclista en haberse impuesto en todas las clásicas. Más adelante el propio Roger De Vlaeminck confesaría que a partir de 1973 comenzó a correr contra Merckx por la victoria, no por fastidiarle como había obrado en los años precederos. Su ‘buen rollo’ llegó hasta tal punto de que en la Vuelta a Suiza de 1975 ambos debieron pasar el control anti-dóping. Como el bueno de Eddy no podía orinar no tuvo otra ocurrencia que pedirle un poco de la del frasco de De Vlaeminck para presentarla como suya. Este hecho fue visto por ‘El gitano’ como la más bella muestra de total confianza entre corredores.

Tal como hemos comentado, Eddy Merckx se llevó la victoria en todas las clásicas de la época menos en la Paris-Tours. Por eso, cuando en el año 1972 se impuso el belga Noel Vantyghem afirmó tras su victoria: “Entre Merckx y yo hemos ganado todas las clásicas: yo he ganado la Paris-Tours y él todas las demás”.

Sus relaciones con Van Looy tampoco fueron nada buenas. Debutó como profesional en el equipo Solo-Superia, donde todo se realizaba con su bendición. Por lo tanto, un bravo y ambicioso joven no pintada nada. No soportaba las bravuconadas de Van Looy, auténtico rey del ciclismo de la época, ni las bromas con el nuevo que no aceptaba ni sus mofas ni el apodo que le había impuesto (Jack Palance) por comer de postre arroz con sirope. Pensaba que le iba ayudar a ser ciclista, pero nada de eso. Van Looy era quien mandaba en el equipo y en el pelotón, los critériums post-Tour los corrían quien quería y él mismo se encargaba en numerosas ocasiones fijar el precio de los ciclistas belgas por toma parte. Entonces el dinero recibido en los critériums era una parte sustanciosa del sueldo del ciclista, y Van Looy cobraba como número uno belga la mitad del presupuesto de la prueba. Pero poco a poco, su valor deportivo iba bajando, del modo que el de Merckx subía como la espuma, pero no el afecto del público y su popularidad.

Además Van Looy era flamenco y tenía con él el fervor de sus compatriotas. Merckx, en cambio, era de Bruselas, bilingüe, hablaba también francés, aunque su padre no lo hablara, y el día de su boda con Claudine Acou, francófona, hubo su polémica al realizar los votos en francés y no en flamenco. La temporada siguiente emigró a Francia para firmar con el Peugeot dejando atrás a Van Looy. Pero no quedó esto aquí, siempre de acusó de rodar para hacer perder carreras y con el paso del tiempo las puyan por ambos bandos fueron continuas. ‘Soy más popular que tú a mi edad’, aseguraba Eddy; ‘Los rivales de mi época eran infinitamente a los tuyos’, replicaba Rik. En el ocaso de su carrera, Van Looy se dedicaba a seguir la rueda de Eddy y atacar cuando veía la línea de meta. ‘Si eres el mejor, debes de poder dejarme cuando quieras’, le comentaba entre carcajadas. Así su enfado fue a más, hasta que en un pequeño critérium en 1965 las cosas estallaron. Van Looy no daba un relevo y solo pasaba a cabeza cuando había primas. Merckx no aguantó la afrenta y le respondió duramente. Se dejaron de hablar, y más adelante, cuando lo hacían en público, no era más que para echar más leña al fuego.

Pero Merckx sí que pudo ganar la Paris-Tours. Fue en 1966, en sus primeros años de profesional, cuando rodaba con el maillot de Peugeot, tras haber salido no de buena manera, del equipo de Rik Van Looy, el Solo-Superia. A poco de meta saltó Eddy, tras el cual se pegó como una lapa Julien Stevens, compañero de Van Looy que seguía órdenes del equipo de no relevar. La fuga fue cogiendo consistencia, hasta que a falta de un par de kilómetros Merckx vio que era posible la victoria, siempre que Stevens colaborara ya que tenían al pelotón a sus talones. Para ello intentó convencer a su compañero con una bonificación económica y recordándole que iba a ser segundo, lo que además le reportaría una mejora en el contrato. Stevens se negó. Corría para Van Looy y le había dado su palabra. Así las cosas, fueron alcanzados por el grupo donde estaba Reybrouck, ganador final. Lo que son las cosas, Stevens corrió posteriormente para Merckx, siendo uno de sus más fieles gregarios en las filas del Faema y Molteni. Aós más tarde le recordaba al mismo Merckx que gracias a él no pudo completar el repoker de las clásicas, ya que estaba convencido que si hubiera entrado al relevo en la parte final, Merckx contaría en su palmarés con la Paris-Tours.

Con otro que no tenía una buena relación era Guillaume Driessens, director deportivo en su 1969. Eddy le tachaba de falso y populista. Como ejemplo la famosa cabalgada en solitario del Tour de Flandes de aquel año. Faltando 70 kilómetros para el final atacó en solitario y Driessens se acercó con el coche. ‘¿Estás loco?’, le preguntó mientras le conminaba a ralentizar su marcha 'para dejarse atrapar. La respuesta del ciclista fue seca y dura, de mandó directamente a freír espárragos mientras prosiguió con la marcha. Entró como ganador con casi seis minutos de ventaja sobre Gimondi, segundo, y más de ocho sobre Marino Basso, tercero. Pero lo que sacó de quicio a Marckx fue cuando oyó a su director comentar a los periodistas que el ataque estaba programado y que todo había salido como estaba programado. No le gustaban las mentiras y las falsas poses.

Tampoco perder. Ya retirado, solía salir a entrenara menudo con su hijo Axel, que luego sería un excelente profesional. Antes de llegar a casa pasaban por una cuesta donde solían disputar un sprint que siempre ganaba el padre. Hasta que una vez, con Axel ya más crecido, fue superado por su hijo por escaso margen. En la siguiente salida en bicicleta y cuando estaban subiendo ya la cuesta Axel se extrañaba que no padre lo le comentara para sprintar. ‘¿Qué, un sprint?’, le preguntó. ‘Déjalo, son tonterías’, respondió el padre. Sabiendo que había progresado que no le iba a ganar más, dejaron de realizar el sprint en los siguientes entrenamientos juntos. No le gustaba perder a nada, ni a las cartas ni al fútbol,… En un partido entre las selecciones de Bélgica e Italia él era el capitán e iban ganando 2-1. En una de éstas, Martin Van den Bossche comento a un compañero que iba a cometer penalti en su área solo para que Merckx se enfadara. A la siguiente jugada y cuando entró el atacante italiano en el área, Martin realiza falta y penalti. En enfado fue mayúsculo pero se le pasó cuando los transalpinos erraron la pena máxima.

Con Luis Ocaña también tuvo sus más y sus menos. Fue uno de sus máximos rivales en el Tour de Francia y sufrió a manos del conquense una de sus mayores afrontas en su carrera deportiva en 1971 camino de Orcieres Merlette. Su enemistad había comenzado en el Tour 1970 debido a unas primeras críticas del belga acerca de los posibles beneficios del español un una contrarreloj concedidos por un coche seguidor, agravada en la etapa de Marsella del Tour siguiente cuando Merckx y todo su equipo atacaron en la misma bajada de Orcieres Merlette dejando al descubierto a Ocaña, que contó con la ayuda también del equipo Kas. Todo se agravaba día a día. En una Paris-Niza, prueba a principios de la temporada en la que Ocaña iba a rodarse y a sumar kilómetros, se probó y se fue en solitario hacia adelante. ¡Cómo iba a dejar marchar Merckx así por así a su adversario! Apurando la pedalada y resoplando como un búfalo, alcanzó al fugado pero al llegar a su lado se puso a silbar queriendo con ello decir que no le había costado gran cosa pasar a su altura, hecho que no era cierto pero que sentó a cuerno quemado al Ocaña. ‘Silba ahora que puedes, ya llegará cuando no puedas hacerlo’, le comentó el español. Tras años de enfrentamientos todo se arregló en la víspera de una prueba en Suiza donde los dos campeones compartieron unas cervezas hasta que los efluvios del alcohol hicieron una visible mella. Estuvieron bebiendo hasta altas horas de la madrugada y cuando llegaron al hotel, con el belga completamente KO, ya se apreciaban en el cielo las primeras luces del nuevo día. A pesar de la resaca, Eddy Merckx fue el ganador de las dos mangas del critérium en cuestión.

Eddy Merckx también tenía, aunque pocos, amigos dentro del pelotón. Citar entre ellos dos italianos: Vittorio Adornoi e Italo Zilioli. El primero, ocho años mayor, le aconsejó en 1968 a la hora de competir y ganar en una prueba de tres semanas como era el Giro de Italia. En el sector de la alimentación también le aportó grandes y extrañas cosas que en aquel entonces se llevaban a rajatabla, Así, gracias a Adorni Eddy comprendió que en la primera semana de una gran vuelta había que tener hambre a la hora de sentarse a la mesa. Zilioli, por su parte, tenía una personalidad muy afable, lo que hacía sentir cómodo con él al gran ciclista belga. Entre los belgas, entre sus fieles compañeros hay que destacar, sobre todo, los nombres de Frans Mintjens, Julien Stevens o Joseph Bruyere, ciclistas que rodaron miles de kilómetros a su servicio con una lealtad total. Partick Sercu, por su parte, tuvo siempre una relación muy estrecha desde sus tiempos de amateur complementada cuando hacían pareja en las jornadas de los 6 Días.

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